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Fundación de La Cofradía de la Copacabana (Parte II)
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Rene García Jaspe
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VENTANA AL PASADO
FUNDACIÓN DE LA COFRADÍA
DE LA COPACABANA, AÑO 1726
Las trece constituciones
El documento se formó con 13 constituciones las cuales, en resumen,
establecieron lo siguiente:
- Cuando se asentara como hermano en la Cofradía un “español”
(vecino blanco), el día de su entrada tenía que dar 1 libra
de cera. Si el hermano era un indígena la cera a la que estaba obligado
sería la que tenía por costumbre colocar anualmente en el
altar el día del novenario de la fiesta que por el mes de noviembre
hacían en la iglesia para la patrona, entendiéndose lo mismo
para cualquier blanco que colocara cera anual en el altar en la celebración
ya dicha. Con esa cera se elaborarían las velas que se usarían
en el altar en cada fiesta que se hiciera en el referido novenario. La
cera sobrante se le entregaría al Mayordomo con cuenta y razón.
-
Los cofrades, fueren blancos o indígenas, tenían la obligación
todos los Jueves Santos de dar a la Cofradía un real de limosna.
Se lo debían entregar al Mayordomo, quien lo asentaría en
el libro que llevaría para ese propósito, donde tendría
escrito los nombres de todos los hermanos .
-
Cuando muriera alguno de los cofrades, dos horas antes del entierro se
tenía que sacar una campanilla y tocarla por todo el pueblo como
aviso a los demás cofrades que estuviesen en ese momento en la población,
con el fin de que concurrieran a la iglesia parroquial. Estando reunidos
en ella se “haría seña” (doblar las campanas de la torre)
para el entierro, a continuación saldría el estandarte de
la patrona que lo llevaría uno de los hermanos, según sus
graduaciones y antigüedad. Al estandarte lo acompañarían
4 hachas encendidas, la cruz alta y cirios de la parroquia, y el párroco
asistiría con capa. Todos se dirigirían procesionalmente
rezando el rosario a coro, con voces altas, a la casa del difunto. Del
mismo modo lo tenían que acompañar hasta la iglesia, donde,
mientras se cantaba el entierro, terminarían el tercio del rosario,
ofreciéndolo por el alma del difunto. Al tiempo que se estuviera
realizando esa función la imagen de la patrona debía estar
descubierta y alumbrada con 4 luces. Toda esa iluminación la costearía
la cofradía hasta que el cuerpo sea sepultado y la cera que sobrare
se reintegraría al caudal de la misma. Se entendía que toda
esa cera para iluminación la proveería la cofradía
solo a los hermanos pobres que no la pudieran costear. En los entierros
de los que podían costearla, la cofradía solo se obligaba
a las 4 hachas del estandarte hasta que el cuerpo fuere enterrado.
-
Los hermanos que no concurrieran por estar enfermos o ausentes del pueblo
se obligarían a rezar un tercio del rosario por el alma del difunto
al momento en que se enteraran de la muerte.
-
Con excepción de los indígenas, quienes eran enterrados gratis,
y los “pobres de solemnidad”, los hermanos debían pagar a la iglesia
el costo del tramo en que fueren enterrados
-
Al morir un cofrade los hermanos tenían la obligación de
dar de limosna ½ real cada uno y lo cobraría el hermano que
estuviera de cabeza en las fiestas del novenario de la patrona, el cual
lo entregaría al Mayordomo, quien a su vez con ese dinero pagaría
al cura el entierro cantado, misa cantada y vigilia. De ser necesario,
se costearía también de allí la “mortaja” del difunto
y si sobrara dinero con eso le mandaría decir misas rezadas por
su alma.
-
Los cofrades tenían la obligación de dar una limosna todos
los años en el mes de noviembre para conmemorar el aniversario de
los hermanos difuntos, eso era para pagar la misa cantada, vigilia y procesión.
Si faltare dinero el Mayordomo tenía que proveerlo del que hubiere
acumulado la cofradía.
-
Tenía que llevarse un libro donde se asentarían todos los
nombres de los cofrades, tanto hombres como mujeres y el Mayordomo lo tendría
en custodia.
-
Todos los años, el 30 de noviembre, tenían que reunirse para
escoger por votación al Mayordomo y demás oficiales, debía
hacerse con asistencia del Vicario Eclesiástico, acompañado
por el Notario, quien, antes de realizarse las elecciones, debía
leer estas constituciones para que los elegidos supieran lo que podían
y debían hacer.
-
El Mayordomo podía ser reelegido en esas elecciones y las
mismas debían llevarse a cabo con “unión de paz, amor, y
caridad, sin estrépitos ni descomposturas”, y si se hacía
necesario expulsar a alguien de la hermandad por “inquieto y revoltoso”,
se daría cuenta al Obispo para que expidiera la providencia necesaria.
-
Era obligación de los Mayordomos al finalizar el año de sus
funciones, aunque fueren reelectos, el entregar cuentas con “cargo y descargo”.
Las cuentas las tenía que tomar el Vicario, encargándose
de cobrar al Mayordomo en caso que resultara ser deudor a la Cofradía.
Se reservaría el derecho que el Obispo tenía de revisar esas
cuentas cuando realizara su visita al pueblo.
-
Los gastos que se aceptarían como válidos serían los
realizados para el bien y la utilidad de la Cofradía, no los efectuados
por “ostentación o vanidad”.
-
Si algún hermano rehusare o “anduviere omiso” en el cumplimiento
de estas constituciones tenía que ser borrado del libro de los asientos
y no disfrutaría de ninguno de los privilegios establecidos en esta
Cofradía.
Los cofrades firmantes
Se terminaron de poner por escrito el 20 de enero de 1726, estaban presentes
150 personas y junto con el doctrinero firmaron quienes sabían escribir
y fueron: Juan Rodríguez del Pino, Adrián de La Merced, Mateo
González, Andrés Álvarez, Francisco García
Cervantes, Tomás de Orta, Juan Antonio Carballo, Juan González
Álvarez, Miguel Magas, Juan Marcelino de Origuela (Origuen), José
Linares, Marcos de La Peña, Juan Alfonso, Marcos Carballo, Nicolás
de Lugo, Juan de Orta, Juan Díaz, Juan José Carías,
Bernardo de La O, Marcos José García, Francisco Damián,
Mateo Álvarez, José de La Palma, y José Carballo.
Aceptación del Obispo Escalona y Calatayud
El Obispo las aprobó ante el Notario y Secretario Don Juan de
Rada, en Caracas el 22 de enero de 1726 y ordenó se entregaran al
Cura Doctrinero para que las leyera en la iglesia parroquial de Guarenas
en día festivo “yntermisarun solemnia”. Así quedó
fundada de ese momento en adelante la “Cofradía de Nuestra Señora
de la Copacabana de los Guarenas”.
| | PW : | Fecha : 2005-12-09 |
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